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Terra
La Coctelera

FLORES DE NOVIA, BY LUCÍA

Te repaso con mi lengua

para cerrarte los brazos

como un sobre enviado

a una dirección si nombre.

Remitente frívolo, contenido valiente

cortés misiva al demonio.

No quiero saber tu nombre,

te pago para apagarte los labios,

y calmarme en tu silencio

sin rostro, si volumen.

Para reptar por mi sombra

dejando la piel marchita.

Quisiera regalarme otro minuto

en tus caderas de anciana,

en tu mirada de niña.

Golpearte como a un saco,

secarte boca abajo en el armario

para conservarte inerte

y mirarte cada día.

Poder encontrar a alguien

que quisiera disecarme

y no tener que escapar entre tus piernas.

Entonces podría amarte

sin tocarte sin olerte,

sin verte siquiera,

solo pensándote como te imagino.

Piel de naranja, by Celeste

A quién carajos le importa, después de todo. Si al final no vendo será
que me las comeré yo solita. Es culpa de la lluvia, que encierra a la
gente en sus casas de ladrillos toda la semana a jugar a las cartas, y
me deja a mí con los pies fríos y con esta pinta erizada. Y sin poder
vender siquiera para la leche y los pañales. Se me está por venir abajo
el toldito, se le está juntando ya otra vez el agua, parece que va a
reventar sobre mi cabeza y eso que acabo de sacudirlo con el palo. Agua
por todas partes. Agua. Si me muevo sólo un poco el toldo no me cubre
bien y me empapo. En las calles sólo hay agua, y nadie me compra nada.
Mejor, el agua ya lo estropeó todo y si alguien me comprara esta
porquería ahora, vendría a reclamarme después y me haría mala fama. Y
me tendría que cambiar de barrio. Dos cajones de mercadería sin vender
y el estómago frío. Porque las naranjas no calientan las tripas. De
pensarlo ya me dió hipo. O es porque mis rodillas aún tienen el barro
húmedo de cuando salí tirando de los cajones esta madrugada, cuando
llovía. Y cuantas horas pasaron y sigue lloviendo, sin tregua. Que hora
será. Será la tardecita, porque algunas luces ya se ven en algunas
casas. El cielo tiene color de agua y en el agua que se junta de a
charcos en la calle se vé el cielo. Y yo sigo acá, sin decidir si
levanto el campamento o me voy nomás. Bueno, espero otro poco.

La tetera roja, by Ramón

LA TETERA ROJA

Una vez vi a un elefante rojo que escupía vapor la trompa.
No barrita ni se comunica; nunca podrás explorar en sus secretos. Tampoco
camina; se queda fijo en su sitio, como una acacia de la sabana donde nació
hace millones de años. Donde el humo y el azufre se juntan cada vez que pasta
bajo un cielo en llamas.

Cierto cazador quiso matarlo y ahora lleva su salacot en la cabeza,
teñido de la sangre de sus colmillos ausentes. Sus patas se clavan en la tierra
y se convierten en profundas y leñosas raíces que jamás le arrancaron de su
autismo. Hasta que un día dios, le puso un asa negra y obligó a verter su
sangre de ámbar en almas vacías de otros cazadores, sedientos de leña y fuego.